Internet está revolucionando el mundo entero. No es necesario que yo insista en la importancia destacada que ha tenido este medio en la divulgación de atentados contra los derechos humanos, especialmente en aquellos países que creen que cerrando sus fronteras a cal y canto podrán evitar que el mundo se entere de sus tropelías. Sino que también su influencia se extiende a nuestras costumbres y se deja sentir en la prensa tradicional, en donde los diarios digitales no cesan de arañar audiencia a los de papel.
En los últimos tiempos han ido apareciendo una constelación de medios independientes, obra de autores anónimos, en ocasiones críticos con los poderes establecidos, que con mejor o peor fortuna denuncian la corrupción que nos rodea. Es la nueva prensa digital y alternativa, heredera de periódicos ciclostilados, de pasquines lanzados al viento en concentraciones antifranquistas y de tradiciones aún más antiguas, que enraízan con nuestra literatura popular.
La aparición de Internet ha abierto una ventana de esperanza. Los expertos afirman que, sin Internet, y la importancia de las nuevas redes sociales, Barack Obama no hubiese ganado las elecciones presidenciales. Gracias a los soportes digitales - que no suponen un gran desembolso económico, no precisan ser rentables y no dependen de la publicidad para subsistir, y que, por tanto, son auténticamente libres para informar-, estamos asistiendo a una auténtica explosión de opiniones plurales, libres, que -en ocasiones- logran alcanzar una gran audiencia. Publicar un blog hoy día, a través del cual transmitir los pensamientos propios a un grupo de amigos, o incluso a unos lectores desconocidos, es una aventura al alcance de cualquiera.
Además, la larga historia de unos medios de comunicación sujetos al capital, o en manos de una élite, adormecidos o complacientes con las empresas e instituciones públicas por la necesidad imperiosa de vivir de la publicidad, han propiciado que, en contraposición, nazca un periodismo alternativo, de crítica social y/o medioambiental, que se sitúa más cerca de los intereses del ciudadano que de los intereses del poder.
Hace pocos meses me refería al interés del Gobierno en establecer un mayor control sobre los blogs presentes en Internet, aprobando nuevos presupuestos para ello. Los internautas han de estar particularmente alerta frente a estos intentos de vigilancia de su pequeña parcela de libertad de expresión. Porque el sueño del Poder es, y será siempre, “El Gran Hermano” de Orwell.
Esto viene a cuento porque, además, el Ejecutivo español intenta aprobar, aprovechando su presidencia al frente de la Comunidad Europea, un paquete de medidas destinadas a establecer mayores controles sobre Internet, con el pretexto de defender los derechos de autor que, con tanto empeño y diligencia, persigue la SGAE.
El diputado de Los Verdes en el parlamento europeo, David Hammerstein, así lo ha denunciado. Sostiene que intentan colarnos, con pretextos relacionados con la industria farmacéutica, una serie de leyes restrictivas que contribuirían a acercarnos un poco más a ese control idílico que al Estado le gustaría tener sobre sus súbditos.
Para alcanzar su propósito utilizarían el Acuerdo Comercial Anti-Falsificación (ACTA), aún en negociación, que se ocupa desde el asunto de la protección de las patentes farmacéuticas a la regulación criminal de Internet. Su aprobación podría entorpecer gravemente la innovación europea en el mercado único digital, a la vez que minaría los derechos fundamentales y la democracia a escala mundial.