Tal y como acaba de dar a conocer el INE (Instituto Nacional de Estadística), la primera causa de muerte no natural en España corresponde a los suicidios. Lo positivo de esta noticia es que las víctimas por accidentes de tráfico han descendido más de un 20%, pero nos queda el triste dato de que son 3.421 los españoles con nombre y apellidos que han decidido quitarse la vida.
Lo realmente grave de todo esto es que se trata de muertes prevenibles. Este tipo de suicidios suelen darse en personas con depresión, algunas producidas por factores genéticos o errores de metabolización de algunos neurotransmisores, en otros casos debido a problemas afectivos o anímicos. A la mayor parte simplemente se les receta medicación, pero no se les hace un seguimiento psicológico exhaustivo y permanente.
En España sufren depresión en torno a seis millones de personas, lo que supone entre un 10-15% de la población. Un nutrido grupo a tener en cuenta. Se trata de una de las enfermedades más graves a las que nos enfrentamos los profesionales, sin embargo, estas personas no sólo necesitan medicación. Se sienten tristes, sin futuro, incomprendidos tanto por su entorno como por la sociedad.
También es muy significativo el número de niños y adolescentes con depresión que no son ni siquiera detectados. Los síntomas de depresión en niños y adolescentes no son los mismos que en los adultos, y muchas veces se confunden con aburrimiento, falta de interés, ataques de rabia o de violencia o baja autoestima. Se suele decir “cosas de adolescentes”, cuando en realidad están pasando por una fuerte depresión. Una depresión en un niño o en un adolescente no detectada o mal diagnosticada puede acabar con ideas autodestructivas o de suicidio.
El entorno tanto personal como profesional es vital en este tipo de trastornos. La familia puede hacer que se sienta acompañado y el profesional, a parte de recetarle la medicación más eficaz, puede a través de un seguimiento adecuado detectar esas ideas suicidas y evitar que pasen a la acción.
Este número tan alto de suicidios no sólo está compuesto por individuos con depresión mal tratada, sino también por personas que están tratando de llamar la atención. Son amagos de suicidios que en algunos casos se les van de las manos y acaban en muerte. Su intención inicial es dar un toque de atención a su marido-mujer-hijos-padres-amigos pero termina en suicidio por la falta involuntaria o tardía de intervención.
En este tipo de casos un psicólogo también podría salvar la vida a esa persona al detectar esas ideas suicidas con antelación.
Tenemos que recordar que se trata de personas que ante esa sensación de falta de futuro y proyectos optan por quitarse de en medio, pero con que simplemente pudieran hablar y expresarse con su psicólogo podrían encontrar una vía alternativa al suicidio.
El tratamiento con fármacos, acompañado de un seguimiento psicológico constante, haría que este porcentaje tan elevado de suicidios disminuyera considerablemente.